Qué es el Martinismo
Tradición Iniciática occidental
Qué es el Martinismo
El Martinismo constituye una orden iniciática dedicada a la alquimia espiritual de sus miembros, fundamentándose en las tradiciones esotéricas occidentales depuradas y en una filosofía propia de singular profundidad. Su esencia es una gnosis práctica que persigue la liberación espiritual final del ser humano, guiándolo hacia la reintegración con el Principio Universal del cual todo emana. Esta doctrina de retorno al origen, sintetizada por sus grandes maestros, ofrece una estructura de pensamiento concreta y un camino con objetivos místicos bien definidos.
Esta vía mantiene una relación intrínseca con el corpus de la sabiduría hermética y la corriente crística esotérica: el rosacrucismo, la alquimia, la caballería espiritual, el hermetismo y la teosofía cristiana en el marco del pensamiento saint-martiniano. El Martinismo recoge estas corrientes como expresiones diversas de una misma gnosis perenne, proyectada en el mundo occidental. Asimila la iniciación espiritualista con un acento crístico solar, centrándose en la experiencia interior y la transformación del corazón por encima de cualquier formalismo externo.
Sus pilares doctrinales emanan de las figuras axiales de Martínez de Pasqually y Louis Claude de Saint-Martin. De Pasqually toma la doctrina fundamental de la reintegración, mientras que Saint-Martin realiza su gran transposición hacia la "vía del corazón". Este sistema se nutre profundamente de la teosofía de Jacob Böhme y del legado del hermetismo cristiano, amalgamando elementos de la sabiduría primordial en un método iniciático coherente que conduce a una vida espiritual renovada.
Aunque su origen se sitúa en la Francia del siglo XVIII, la tradición encontró un terreno fértil en Rusia, donde discípulos directos de Saint-Martin la implantaron. En la estepa eslava, el Martinismo se fusionó con la espiritualidad ortodoxa y la teosofía de Böhme, desarrollando una vía de interioridad radical que caracterizaría a las grandes logias de Moscú y Kiev. Esta corriente rusomartinista priorizó la "Iglesia interior" y la ascesis silenciosa, depurando el camino de elementos rituales complejos.
La metodología martinista es gradual e íntegra. Desde el primer contacto, el aspirante se introduce en un proceso transformativo que Saint-Martin definió como una "teúrgia del corazón". Frente a ciertos énfasis operativos del pasado, se instauró la necesidad de erigir un templo interior donde la divinidad, surgiendo del propio centro, realice la obra alquímica de transfiguración. La iniciación deviene así un camino de iluminación espiritual a través de la unión consciente con el principio reparador.
En el siglo XX, esta vía depurada del linaje rusomartinista fue retomada y sintetizada, vinculándola de forma definitiva con las tradiciones herméticas de raíz egipcia. La Orden Martinista y Martinezista Iniciática (OMMI) encarna esta síntesis viva. Aquí, el hermetismo, el gnosticismo cristiano, el martinismo y el martinezismo se revelan como facetas de un gran todo, donde el hermano se fortalece mediante la consciencia y el conocimiento integral de la Tradición Occidental.
Finalmente, el martinista trabaja por alcanzar y mantenerse en un estado de gracia especial, logrado mediante el estudio riguroso, la reflexión profunda y los influjos del egrégor colectivo. Este estado florece cuando el corazón, encendido por la aspiración pura, se abre por completo a la conciencia de la divinidad, consumando en la vida del adepto la gran obra de la reintegración con la fuente de toda luz.


