Pasqually depurado: tomar el núcleo, dejar la corteza
Toda tradición viva realiza, en su momento de madurez, un acto de discernimiento esencial: separar el núcleo doctrinal eterno de las formas históricas que lo vistieron. En el Martinismo, esta operación se aplica de manera consciente y respetuosa a la figura del fundador axial, Martines de Pasqually, y a su sistema de los Elegidos Coëns.
De Pasqually se toma, sin reservas, el impulso fundacional y la meta: la Reintegración de los seres como obra divino-humana, y la figura central del Reparador como principio activo de esa obra. Su Tratado de la reintegración de los seres es la piedra angular que da nombre y objetivo a toda la tradición. En él, la "caída" se entiende como un estado ontológico que requiere una obra activa de reparación.
Sin embargo, el método que Pasqually diseñó para alcanzar esta meta era de una complejidad teúrgica extrema. Un denso aparato ritual lleno de invocaciones, nombres hebraicos y una angelología intrincada, donde la "operatividad" dependía en gran medida de la precisión ceremonial y la interacción con seres intermedios.
El Martinismo depurado, siguiendo la intuición de Saint-Martin y la práctica del linaje ruso, realiza aquí una transposición alquímica. Considera que ese complejo sistema, cargado de elementos "judaizantes", corre el riesgo de exteriorizar y laberintizar el camino. Puede desviar la atención del corazón hacia un mundo de potencias intermedias, cuando la verdadera operación sucede en el silencio del alma que se abre al Reparador.
Por tanto, se toma el núcleo y se depura la corteza. Se adopta su doctrina central, pero se interioriza y simplifica radicalmente su método. Donde él veía necesaria una teúrgia externa, la vía cardíaca ve la teúrgia del corazón: la invocación silenciosa y amorosa en el santuario interior. Los rituales se convierten en estructuras simbólicas condensadas, dramaturgias donde cada elemento apunta directamente a una etapa del proceso interno.
Esta depuración no es una negación, sino una evolución natural hacia la esencia. Es el reconocimiento de que el genio de Pasqually fue definir la meta y encender el fuego, pero que la madurez de la tradición permite construir el templo con materiales más directos. Se honra al fundador que puso la primera piedra, asegurando que la puerta que señaló esté, definitivamente, en el corazón y no en la complejidad del ritual.
Así, el Martinismo reintegrado afirma su libertad: es fiel al espíritu de Pasqually al serle infiel a la letra de su método operativo. Es una vía de alquimia cardíaca que, liberada de un aparato que podía convertirse en pesada carga, puede concentrar toda su potencia en lo esencial: despertar la chispa interior y facilitar la unificación del ser bajo el gobierno del Principio Reparador.


