Microtheos: La radical (y esperanzadora) visión martinista del ser humano

08.02.2026

En un mundo que a menudo reduce al hombre a un consumidor, un engranaje o un accidente biológico, el Martinismo levanta una bandera de insurgencia espiritual: la doctrina del microtheos. Esta palabra, que significa "dios en miniatura", no es una metáfora poética. Es la afirmación ontológica más radical y esperanzadora sobre nuestra verdadera naturaleza.

Según esta visión, heredada de Jacob Böhme y depurada por la tradición, cada ser humano lleva en su núcleo más íntimo una chispa de la divinidad absoluta. Esta chispa no es algo que se gana o se merece; es nuestra esencia constitutiva, incorruptible e inextinguible. No somos criaturas alejadas de Dios; somos fragmentos conscientes de lo divino, caídos en el exilio de la materia y el olvido.

Esta "caída" no es un castigo, sino un estado de consciencia contraída. Es como si el microtheos se hubiera dormido, soñando que es solo un cuerpo, una personalidad, una historia. Identificado con el sueño, sufre y busca en el exterior lo que siempre ha tenido dentro. Todo el sufrimiento humano nace de esta amnesia de nuestra propia realeza.

Por eso, el camino martinista es más que un sendero para adquirir algo externo: es recordar y reintegrar. La iniciación no "da" la chispa; proporciona el método para despertar y/o recordar la consciencia de que siempre la hemos tenido. Es una pedagogía del despertar, donde cada grado, cada símbolo, es una llamada a sacudir el sueño y reclamar el gobierno del reino interior.

Entender al hombre como microtheos cambia todo. Transforma la búsqueda espiritual de un anhelo vago en un derecho de nacimiento a reclamar. Convierte al sufrimiento en señal de exilio, no de condena. Y le otorga a la vida una dignidad tremenda: no somos mendigos en el umbral del cielo, somos príncipes en el exilio emprendiendo, con ayuda del Principio Reparador, el viaje de regreso a nuestro palacio interior.