El linaje del fuego: de la estepa rusa al corazón de América

08.02.2026

El viaje de una tradición iniciática es el viaje de un fuego que busca custodios. El linaje del fuego horiano que Sâr Hori encarna es testigo de este trayecto improbable y necesario: de los oratorios discretos de la Rusia imperial al corazón vibrante de la América hispana.

Este no es un relato de simple importación. Es la historia de una transmisión que se reconfigura al encontrar nueva tierra. La semilla del Martinismo ruso —depurado, crístico, centrado en el corazón— viajó a través del tiempo y el océano, no en barco, sino en el compromiso silencioso de hombres que fueron sus eslabones vivos. Llegó sin intermediarios latinoamericanos que la diluyeran; llegó como linaje directo, conservando la potencia de la fuente.

Encontró en suelo americano un humus espiritual particular. La búsqueda sincera, alejada a veces del intelectualismo europeo, y la propia mezcla de tradiciones indígenas y místicas crearon un terreno fértil. El Martinismo aquí no se transplantó; echó raíces propias. Asumió la herencia rusa de la "Iglesia Interior" y la caballería del espíritu, pero empezó a expresarla con el pulso y el calor de un nuevo mundo.

La fundación de la Gran Logia en Colombia y sus dependencias marca un hito de autonomía espiritual. No es una sucursal, sino una continuación consciente y soberana del linaje. Aquí, el fuego de Böhme, pasado por el crisol de Saint-Martin y templado en la estepa rusa, encontró nuevos operarios del corazón dispuestos a custodiar la llama y hacerla arder en sus propias lenguas y realidades.

Este linaje, por tanto, es un puente activo. Conecta la profundidad silenciosa del este con la potencia vital del oeste. Demuestra que el Martinismo, cuando es fiel a su esencia cardíaca, trasciende geografías y culturas. Su verdadero mapa está en la red invisible de corazones donde arde, con igual intensidad, el mismo deseo de Reintegración.