Jakob Böhme en la estepa rusa: cuando la teosofía encontró su hogar

La semilla que llegó a la vastedad rusa no fue solamente la teosofía de Jakob Böhme en estado puro, sino ya transmutada por el corazón de Saint-Martin. Fueron las obras del Filósofo Incógnito —el discípulo que había interiorizado la compleja herencia de Pasqually— las que primero cruzaron las fronteras, llevando consigo, como savia vital, la esencia depurada del pensamiento böhmiano.

Los círculos místicos rusos, con su profunda raíz en la ortodoxia hesicasta, reconocieron en Saint-Martin a un hermano de espíritu. Su "vía cardíaca" resonó como un eco propio. Y al estudiar a su maestro, descubrieron la fuente: Böhme dejó de ser un autor lejano para convertirse en el padre de la luz que alimentaba a su propio guía. La lectura de Böhme se hizo, entonces, a través del prisma saint-martiniano: no como especulación, sino como la guía del abismo interior que su heredero francés enseñaba a navegar.

Conceptos como la Sophia, centrales en Böhme, adquirieron en el Martinismo ruso una intensidad nupcial y crística. La Sabiduría Divina era más que un principio teosófico; era la esposa celestial del alma, el reflejo femenino del Logos al que el "hombre de deseo" de Saint-Martin anhelaba unirse. La purificación del corazón martinista tenía ahora un nombre y un rostro: el de la Sophia, guía hacia el Reparador.

Esta síntesis fue revolucionaria. La alquimia böhmiana de los "calificadores" divinos (el juego de contrarios en Dios) se aplicó de lleno a la psicología espiritual. Los buscadores rusos vieron en el centrum naturae (el fuego de la cólera) y en el Funke (la chispa divina) las fuerzas reales en conflicto dentro del hombre. La Gran Obra martinista se definió así: transmutar, mediante la vía cardíaca, el fuego de la ira en el fuego del amor divino, guiados por la Sophia.

De este encuentro nació un Martinismo único: una ascesis cristiana integral y experiencial. La teosofía de Böhme, filtrada por el corazón de Saint-Martin y plantada en el suelo eslavo, dio un fruto de una pureza extraordinaria. La "Iglesia Interior" de Lopukhín es su testigo: un sacerdocio del corazón donde la oración, la caridad y la purificación son los únicos sacramentos válidos, vividos como consecuencia natural de la teosofía vivida, no teorizada.

Por eso, en el linaje reintegrado que Sâr Hori representa, Böhme y Saint-Martin son las dos caras de una misma moneda gnóstica. Se honra al zapatero de Görlitz por filiación espiritual: es el padre de la gnosis crística que el Martinismo operativiza en el corazón. Él dio el mapa del abismo; Saint-Martin señaló la puerta de entrada que está dentro de nosotros; Rusia construyó, en silencio, el camino para recorrerlo.